
Desde las “tinieblas” van apareciendo, desde los más recónditos lugares, el “jefe” de la manada herido de muerte manda a sus acólitos a que defiendan su plaza, se ve acosado por la luz y esta hiriéndole de muerte ahonda cada día más en su herida. Elijen a su presa la acorralan y atacan sin piedad convencidos de su victoria inminente.
El ataque feroz, despiadado y por “sorpresa” coge desprevenida a la victima, más esta no es la más “débil” en su afán por hacer daño, se equivocaron de victima, la elegida esta curtida en mil “batallas” de antiguos ataques y cuenta en su haber sonoras victorias antes las huestes de la maldad, el odio y la envidia.
Avisados estáis acólitos y huestes de la envidia el rencor y la maldad, no luchéis porque esta batalla, también la tenéis perdida.
Juan García-Villaraco Sánchez-Montañez


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